Graciosos parásitos sapiens

En éstos días de cuarentena obligada por la pandemia, un pequeño parásito, un virus, amenaza a los todopoderosos y graciosos parásitos sapiens. Pues están apareciendo testimonios de la caída en los valores de contaminación ambiental. Según parece la disminución de la actividad humana, trae como consecuencia una reacción natural hacia la recuperación del medio ambiente. 

Ya lo tenía claro, pero de ser ciertas esas constataciones, me reafirmo en aseverar que somos los grandes parásitos de nuestro planeta. De hecho y desde la propia definición del término, hacemos honor a la etimología griega. Ese comensal que nadie espera, que llega al banquete sin haber contribuido, alimentándose del aporte de los demás.

parásitos sapiens endémicos

Es lo que estamos haciendo con la naturaleza, con el planeta, lo estamos consumiendo los graciosos parásitos sapiens que a esta altura de la historia, somos endémicos. Hemos crecido de forma insostenible arrasando esta Tierra generosa que nos acoge y nos alimenta. 

De ser meros testigos del acontecer natural, nos hemos convertido en los máximos depredadores de nuestro propio sistema de vida. Lo vamos consumiendo todo, depauperándolo a tal extremo que lo estamos dejando en estado crítico. Luego nos asombra y horroriza cuando asistimos a estas reacciones de la naturaleza, con la aparición de plagas que amenazan diezmarnos. Otro parásito, un virus, que nos ataca y nos pone en nuestro lugar. Simples, mortales y graciosos parásitos sapiens con aspiraciones divinas.

mecanismos naturales

La realidad supera a la ficción y a todas las teorías de la conspiración, lo cierto es que somos cada vez más. Y las leyes naturales que rigen los crecimientos poblacionales, son claras. Si una población de cualquier especie crece sin control, en algún momento se regula. Y eso pasa sin nuestra intervención, hay mecanismos naturales que limitan el incremento. Perdida de fertilidad, escasez de alimentos, o plagas debidas al exceso de población.

Por lo visto y si los testimonios mencionados en el primer párrafo son verdaderos, todavía estamos a tiempo. Aún hay esperanza para nosotros. La pregunta ahora es, seremos capaces de tomar las decisiones que ello implica? Un mundo donde sea posible vivir en armonía con la naturaleza, requiere de una inteligencia emocional especial. Requiere un gran esfuerzo, muchas ganas y una actitud positiva a toda prueba. Serán imprescindibles seres con la capacidad de crear alegría, ilusión, buena onda, optimismo, felicidad y amor. 

Personas solidarias, que posean la disposición de compartir toda esa carga emotiva, todo eso tan auténticamente propio, que solo seres superiores y generosos pueden hacer. Poseedores de una humanidad a toda prueba, seres luminosos, libres de miedos y prejuicios. Que solo tengan presente unas básicas e importantes tareas, en especial, hacer aflorar todas esas emociones positivas. 

en nuestras manos

Por ahí va la selección natural, por la vía que nos conduce hacia la imprescindible expresión de nuestros sentimientos y emociones positivas. Hacia un mundo donde lo más importante sean las personas y su capacidad de compartir talentos, afectos y fuerza espiritual. Para ello, cada ser humano, deberá tomar conciencia de su rol y asumir las responsabilidades inherentes.

Desde nuestra singularidad, debemos aceptar la importancia de nuestro liderazgo a la hora de encarar el futuro. Y todo se resume a hacer el esfuerzo en el mismo sentido, poniéndole ganas y actitud positiva. Así, aportamos todos nuestro granito de arena, así, crearemos ese nuevo orden mundial. El poder está en nuestras manos, para superar la pandemia, cuidar nuestro medio ambiente y resolver la mayor parte de los entuertos mundiales. Debemos aprender a decir “No” cuando corresponda, a ser críticos, a pensar por nosotros mismos y para el bien de todos.