Peste porcina y corrupción

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Peste porcina y corrupción:

Unos jabalíes apestados por ahí, generaron una crisis sanitaria con potenciales consecuencias devastadoras en la industria cárnica. Los servicios veterinarios actuaron inmediatamente ante la detección del foco y procedieron a aplicar el protocolo de actuación para estos casos. Se trata de eliminar los animales y los restos biológicos que supongan un riesgo en un radio de varios kilómetros alrededor de los primeros focos. 

Claramente no es un tema menor, se trata de un problema importante que afecta directamente a los productores, a las exportaciones y a la imagen del país. De todos modos es algo que está dentro de las posibilidades. Erradicar cualquier tipo de enfermedad es algo complicado, por lo que todos los países están expuestos por diversos vectores. 

Y como casi todo en la vida, tiene solución, aunque no definitiva. Durante algunos meses se llevarán controles sanitarios muy estrictos, que poco a poco irán menguando hasta volver a los cauces normales. Es natural que nuestras rutinas se vuelvan más laxas a medida que se acumulan controles con resultados negativos. 

Pero también estamos expuestos de forma constante a otros agentes infecciosos, unos que infectan los valores esenciales del ser humano. La corrupción que tiñe de inmoralidad a la sociedad entera, en especial cuando proviene de quienes deben ser ejemplares. Y peor aún, cuando quienes tienen en sus manos los instrumentos para combatirlos, no hacen nada. Solo buscan zafar, abrir el paraguas para que nada les salpique. Al tiempo que utilizan todos los medios a su alcance para archivar los chanchullos en el olvido.

Y ésta peste de corrupción en las élites, es algo sumamente perjudicial para toda la sociedad. Se trata de quienes deben dar ejemplo de moralidad y buena gestión. Se trata de la confianza, del crédito que se pierde y que desgasta los vínculos a todos los niveles. 

Nadie esta libre de culpa, de una forma u otra todos estamos infectados por ese mal, por el trabajo de un vector silencioso. El ejemplo, ese poderoso instrumento, un transmisor que solo necesita una acción para trascender. Y en el carácter positivo o negativo de ese acto, que repercutirá en quienes lo observan, radicará el futuro de la sociedad.