Fanatismo y falsa felicidad

La necesidad humana de creer en algo de carácter superior, la constante búsqueda de respuestas. Nos llevó a lo largo de la historia y especialmente en momentos decadentes, a caer en manos de grandes manipuladores.

Por una parte, con el primer despertar, con los primeros descubrimientos y aprendizajes. Comienzan las primeras interrogantes, surgen las primeras cosas inexplicables, algunas de ellas nos siguen hasta nuestros días. Y casi todas, continuan siendo un factor de inseguridad, de desequilibrio, de dudas para la gran mayoría de nosotros.

Por otra parte, desde la época tribal, han ido surgiendo individuos que destacaron por algún motivo. En particular las habilidades para cazar, la destreza física, la valentía y el arrojo demostrados en distintas contiendas. Esas características sobresalientes, esa diferenciación, les convirtió en guías, en conductores del grupo, en referentes imprescindibles, en lideres.

Ignorancia ancestral

Esa falta de respuestas, esa ignorancia ancestral, ese miedo que llevamos en nuestros genes, reclama un refugio donde cobijarse. Nos plantea la necesidad de un liderazgo, de alguien que nos guíe hacia ese lugar seguro. Algo que en situaciones críticas, resulta sumamente dificultoso y peligroso, entre otras cosas por los apremios que sufrimos. Y esa premura, nos convierte en presa fácil para los codiciosos y cobardes manipuladores. 

Las distintas ideologías políticas y religiosas, las grandes corporaciones, están constantemente haciendo su trabajo y tejen sus redes en ese sentido.

Aquí, debería surgir la memoria colectiva, no solo por rememorar aquellas situaciones dolorosas que nos tocaron vivir. Sino especialmente por lo que nos enseñan, por lo que nos advierten, para no repetir errores. Para que no se manipule la memoria,  para que no se cambie la historia, como elemento de control y para orientar la conversión.

Todo esto, es algo recurrente en la historia, no hay nada nuevo, salvo la perfección en los medios, los métodos y técnicas de comunicación. Por lo demás, siguen siendo en lo básico, las mismas formas, los mismos argumentos, los mismos conceptos. Los mismos ciclos históricos, que se repiten cada vez más frecuentemente.

Mi pregón cotidiano

Un antídoto para todo eso, que forma el núcleo básico de mi pregón cotidiano, es que cada persona asuma su responsabilidad. Que cada ser humano, capte la importancia del ser feliz desde lo más profundo de su propio ser. Que capte la imprescindible necesidad, de trabajar duramente en su singular, única y auténtica felicidad. 

Que capte la importancia de construir su propio refugio, con lo que se vaya encontrando a lo largo del camino. Con nuestras propias manos, con nuestro esfuerzo personal, con ganas y actitud positiva, sin aferrarnos a falsos profetas, ni a estados paternalistas.

Esa felicidad que todos tenemos en nuestros genes y que solo nosotros tenemos la clave para hacerla aflorar, es nuestro principal patrimonio

Nadie más puede, nadie más tiene esa capacidad, nosotros somos el alfa y la omega, el principio y el fin. 

Somos sin duda, los responsables de nuestra historia!!!!!!